domingo, 28 de marzo de 2010

30 AÑOS DEL ASESINATO DEL PADRE OSCAR ARNULFO ROMERO


Arnulfo Romero, el mártir de la solidaridad

Por Miguel Ángel Cárdenas (El Comercio, Perú)
http://elcomercio.pe/impresa/notas/arnulfo-romero-martir-solidaridad/20100328/453040

La canción que le dedicó el salsero Rubén Blades lo retrata de espíritu entero: “El padre no funcionaba en el Vaticano, entre papeles y sueños de aire acondicionado y se fue a un pueblito en medio de la nada a dar su sermón, cada semana pa” los que busquen la salvación”.

Blades hacía que sonemos las campanas por monseñor Óscar Arnulfo Romero, el emblemático arzobispo impulsor de la justicia social, quien recibió el pasado miércoles, luego de 30 años de ser asesinado, el desagravio de un Estado que nunca castigó a sus victimarios.

El presidente de El Salvador, Mauricio Funes, reconoció la responsabilidad histórica de haber dejado impune lo que sucedió aquel 24 de marzo de 1980, cuando Romero oficiaba una misa y fue baleado por un paramilitar de los comandos ultraderechistas que profundizarían una guerra civil que dejó 75.000 muertos.

Su supuesta herejía fue luchar por los sin voz de los pueblos más remotos del misérrimo país en una época en que, como aquí, aquellos se encontraban entre dos tormentos: el militar y el subversivo.

Y, sobre todo, por pronunciar muchos de los discursos religiosos más íntegros de la historia (hay una emocionante película con Raúl Juliá que lo retrata): “Soldado: una ley inmoral nadie tiene que cumplirla… En nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más les suplico, les ruego, les ordeno, en nombre de Dios: ¡cese la represión!”.

EL MILAGRO DEL COMPROMISO

Hace cuatro años visité el mausoleo de monseñor Romero en la cripta subterránea de la catedral de San Salvador. Aquí yacen sus restos debajo de una estatua que lo representa recostado, con una esfera roja en el pecho, que simula la bala que le traspasó el corazón.

Hasta esta alegre catacumba llegan masas marginales y pedigüeñas equivalentes en cantidad a las que siguen a cualquier santo latinoamericano. Pero estas tenían una calidad distinta

Lo descubrí cuando me sumergí en el grupo y me acerqué a una anciana, que ante la efigie de “Monsé” (así le dicen de cariño) le pedía que su nieto salga de las drogas y escape de su “mara” (pandilla). Y luego la escuché indiscretamente cuando ponía las manos en su escultura: “Y te prometo que toda mi vida voy a seguir tu ejemplo y ayudar a los más débiles”.

Me pareció hermoso y pensé que era su bondad individual. Pero siete metros más allá, recostado a una columna, vi a un señor esmirriado, con una camisa rosada sin cuello, que suplicaba que le cayeran del cielo unos centavos terrenos para poder comer; y finalizaba: “Recuerda que cuando puedo nunca me olvido del dolor de mi prójimo”. Ya no podía ser coincidencia cuando en la esquina opuesta un muchacho de 21 años —al lado de su pareja de 14 y de su bebe con TBC— imploraba por su pequeño y porque “nunca ni yo ni mi familia dejemos de ser sensibles con los demás”.

Era tan súbitamente bello: el mensaje de solidaridad del mártir abolió cualquier límite entre religión y lucha social por un mundo mejor.

Minutos más tarde advertí que también se producía aquí otro fenómeno original: en los costados del que debe ser el sótano de la iglesia más popular del mundo había artistas subterráneos: pintores concentrados que retrataban a don Arnulfo como un superhéroe de cómic, trovadores “hipposos” a lo Manu Chao y hasta músicos punks con un “Monsé” tatuado en sus puños en alto.

En el fondo, aparecían cantantes de hip hop que improvisaban sonsonetes líricos por las “hojas de romero de Romero”; junto a anarquistas cristianas que cantaban salmos, mientras sus polos negros rezaban: “Ni Estado ni hombre macho”. Era esta una “romería underground”, atractivamente juvenil, libertaria, “rebeldosa”...

TESTIGOS DE SU MUERTE

En la capilla del Hospital Divina Providencia —donde balearon a Romero— conocí a la carmelita Luz Cueva, quien estaba próxima a los 90 años, y en aquel turbulento tiempo era la madre superiora de este hospital dedicado a los enfermos abandonados con cáncer.

“Nunca olvidaré ese lunes a las 6:40 p.m. Monseñor estaba al final de la liturgia y de pronto escuché un ruido como de cohetecillo y lo vi desplomarse”. La madre Luz vio al francotirador que disparó el proyectil de calibre 22 desde la puerta de esta pequeña capilla —temblamos los dos cuando caminamos y nos paramos en el oprobioso lugar de donde disparó el asesino— y se subió en un Volkswagen rojo. “Me fui corriendo a auxiliarlo, le salía sangre por la boca y los oídos, y corrí a llamar una ambulancia, pero fue tarde”.

A pocos metros de esta capilla se encontraba el cuarto diminuto donde vivía con discreción monseñor Romero. Todavía se podía ver el traje sangrado que vestía cuando lo mataron (salvado de la gente que cortó pedazos como reliquias), su máquina de escribir y su biblioteca con libros de Hans Kung, “La ciudad y los perros” de Vargas Llosa y los cuentos de Charles Perrault.

Aquí sus fieles todavía conservan las cintas de sus homilías, con sus conciencias haciendo vigilia: “La opción preferencial por el pobre es evangelio puro”. ..“una religión de misa dominical, pero de semanas injustas no agrada al Señor”... “un cristiano que defiende posiciones injustas, ya no es cristiano”... “el profeta tiene que ser molesto a la sociedad”.

EN PUNTOS

A fines de los años 70, el 75% de los salvadoreños lo escuchaba todos los domingos por la emisora YSAX- La Voz Panamericana, que transmitía sus misas. Sus palabras eran más escuchadas que los partidos de fútbol.

El peruano Gustavo Gutiérrez, fundador de la Teología de la Liberación, fue una de las 70 mil personas que fueron a su entierro el 30 de marzo de 1980 y se salvó de los francotiradores que provocaron una masacre: más de 40 muertos y miles de heridos.


Por Juan José Dalton (El País, España)
http://www.elpais.com/articulo/internacional/presidente/Salvador/pide/perdon/asesinato/Oscar/Romero/elpepuint/20100324elpepuint_9/Tes

El presidente de El Salvador, Mauricio Funes, en su calidad de jefe de Estado, pidió ayer perdón público por el asesinato del arzobispo de San Salvador Óscar Arnulfo Romero Galdámez, ocurrido hace 30 años, que se cumplieron ayer.

Romero fue asesinado de un balazo certero disparado al corazón por un francotirador, cuya identidad es hasta el momento un misterio, aunque algunas fuentes del espionaje de Estados Unidos indican que se trató de un militar argentino, Emilio Antonio Mendoza, mientras que otros investigadores apuntan al odontólogo salvadoreño Héctor Regalado; este último era hombre de confianza de Roberto D'Aubuisson, el presunto cerebro de la confabulación, que involucró a militares de alta graduación retirados, políticos anticomunistas y grandes empresarios.

Abatido por una bala del calibre 22 explosiva, Romero se encontraba oficiando una misa en la capilla del hospital La Divina Providencia para enfermos de cáncer. Eran alrededor de las seis de la tarde del 24 de marzo de 1980.

"En nombre del Estado salvadoreño, como presidente de la República, reconozco que el entonces arzobispo de El Salvador, Óscar Arnulfo Romero Galdámez, el 24 de marzo de 1980 fue víctima de la violencia ilegal que perpetró un escuadrón de la muerte", dijo Funes ante un auditorio en el que se encontraba la familia de la víctima, así como religiosos de varias congregaciones.

"Este tipo de grupos armados ilegales ejercieron el terror de manera generalizada entre la población civil durante aquellos años aciagos, dejando tras de sí miles de víctimas. Dichos escuadrones, lamentablemente, actuaron bajo la cobertura, colaboración, aquiescencia o participación de agentes estatales", recalcó Funes.

El jefe y creador de los escuadrones de la muerte en El Salvador fue el mayor de inteligencia Roberto D'Aubuisson, ya fallecido. D'Aubuisson, además, fue el fundador del partido derechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena), que gobernó en El Salvador entre 1989 y 2009, cuando fue derrotado por el ex guerrillero Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) y por su candidato, Funes.

D'Aubuisson fue un férreo anticomunista, que murió de cáncer en febrero de 1992. El Informe de la verdad, auspiciado por Naciones Unidas en 1993, le acusa de haber encabezado la guerra sucia a través de los escuadrones de la muerte, con nexos con las inteligencias militares y policiales, encargados de eliminar a centenares de opositores a las dictaduras que se sucedieron en El Salvador.

Funes pidió perdón, en primer lugar, a la familia de Romero, al pueblo salvadoreño, que fue su "gran familia", y a la Iglesia católica, de la cual ha sido uno de sus ejemplares pastores.

"Y repito lo que dije el 16 de enero último, al pedir perdón por las aberrantes violaciones de los derechos humanos durante el conflicto armado por parte de agentes del Estado: nos comprometemos a colaborar con la justicia, tanto nacional como internacional, y pondremos todo lo que sea necesario a su disposición para el esclarecimiento de los crímenes investigados", añadió el primer presidente de izquierda que gobierna El Salvador.

El pasado 16 de enero, en el 18º aniversario de los acuerdos de paz, Funes pidió un perdón general por todos los abusos cometidos por militares, policías y grupos ilegales armados, que perpetraron graves violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad durante la guerra civil, al mismo tiempo anunció medidas sociales y morales para resarcir a las víctimas.

Funes hizo un llamamiento a consolidar la paz en este convulsionado país y repitió palabras de Romero al exclamar: "Que no haya resentimientos en el corazón". "Sigamos las enseñanzas de nuestro guía espiritual, miremos hacia adelante con paz en nuestros corazones, con amor a nuestros hermanos y hermanas. Hagamos, en definitiva, que ese sacrificio de nuestro obispo mártir tenga sentido", finalizó el presidente Funes.

Por primera vez en 30 años, oficialmente en El Salvador se conmemora el martirio de Romero, en proceso de canonización por la Santa Sede desde hace 15 años. El presidente Funes y sus principales funcionarios han participado en peregrinaciones, marchas, misas, conciertos musicales, recitales poéticos, exposiciones de pintura y seminarios en recuerdo del que muchos creyentes consideran san Romero de América.

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