domingo, 20 de junio de 2010

LA ELECCION DE SANTOS (Por ALFREDO BARNECHEA)


Escribe ALFREDO BARNECHEA.-

Borges, que era un conservador, o un escéptico disfrazado de conservador, repetía que la democracia era el abuso de la estadística.


En otro sentido, ese abuso se hizo patente en la primera vuelta colombiana, donde los encuestadores fracasaron clamorosamente.

Primero, no previeron a Mockus. No detectar al "outsider" es frecuente. Pero tampoco detectaron el espacio mental en la ciudadanía que lo hacía posible.

Luego, error aún más garrafal, decretaron que había un empate técnico entre Santos y Mockus y, casi todos, le daban la victoria a éste en simulaciones para la segunda vuelta.

Nada de esto ocurrió. Santos obtuvo casi uno de cada dos votantes, cerca de la mayoría absoluta, y Mockus sobrepasó con dificultad el quinto de los votos.

No es la primera vez, ni será la última, que las encuestas se equivocan. Ha sucedido numerosas veces en Perú. Volverá a ocurrir, seguramente, el 2011.

La razón es que se crea una relación perversa, que se retroalimenta, entre encuestadores y medios, que se fijan en los nombres, en las "carreras de caballo". Por eso no detectaron a Mockus, o a Fujimori en 1990, o a tantos candidatos en tantas partes.

Si están bien hechas, las encuestas sirven otro fin: detectar lo que mueve al elector, y los vacíos que esto abre. Los nombres aparecen después.

Las encuestas, sobre todo las tempranas, engañan a los políticos oportunistas que quieren "acomodarse" con los presuntos ganadores y, a veces, a quienes financian interesadamente las campañas. A quien no engañan es al votante.

No hay que hacer, entonces, demasiado caso a las encuestas.

La elección colombiana fue un referéndum tácito sobre la gestión de Uribe, y al parecer hay una mayoría nacional a su favor. Por primera vez, como lo enfatizó Santos en su discurso del domingo, el debate no giró en torno a las FARC sino en torno al empleo, la lucha contra la pobreza, el desarrollo.

Colombia vuelve un poco a la normalidad. Porque, ¿quién era Uribe, y quién es Santos? Uribe fue una cierta anomalía colombiana. Esa anomalía que los países producen cuando tienen la ansiedad del orden (después de Fujimori, los peruanos sabemos bastante sobre esto). En todo el siglo XX no había habido espíritu reeleccionista en Colombia (salvo la no-inmediata de López Pumarejo, que terminó además calamitosamente en 1945). Uribe representó un ánimo caudillista en un país que desde Santander, desde los albores de su república, premió las leyes sobre el caudillismo. Representó, además, un cierto talante provincial, autoritario -y derechista.

Santos es un socialdemócrata, autor de un libro sobre la "tercera vía" para Colombia. Es además alguien más institucionalista.

De hecho, proviene del sistema bipartidista tradicional de Colombia (su tío abuelo, Eduardo Santos, Presidente entre 1938 y 1942, se opuso a la reelección de López).

Ministro en tres carteras en tres gobiernos diferentes (el de Gaviria, el de Pastrana y el de Uribe), muy competente las tres ocasiones, representa, aunque quizá él no lo llegue a reconocer así, las características mejores del Frente Nacional que gobernó afortunadamente Colombia entre 1958 y 1974.

Otra lección de esta elección, importante para Sudamérica, es que Hugo Chávez no vende. Basta que ataque a un candidato para que éste tenga más opciones de triunfo.

La victoria de Santos es una noticia positiva para América del Sur. Hay Chávez, y hay en el cono sur el laberinto o la parálisis argentina. Pero de Brasil a Chile, pasando por Colombia y Perú, América del Sur navega dentro de la racionalidad.

Por supuesto, la "racionalidad" no es un punto: es una zona, con matices.

Esto es importante en un momento en que parece haberse producido un "desenganche" de América del Sur respecto a la economía norteamericana o europea.

La geografía ha partido América Latina en dos, a la altura de Panamá. También la divide hoy la economía. De Panamá para arriba dependen de la suerte de la economía norteamericana.

América del Sur depende más de "Chindia". La eurozona puede entrar en turbulencia, pero el Asia abre una ventana de oportunidad, un "segundo piso", a América del Sur. ¿Cuánto durará? ¿Cómo usarlo para que el estadio de materias primas, de "rendimientos decrecientes", financie la competitividad del futuro, basada en la tecnología y en sectores de "rendimientos crecientes"? La elección de Santos ayuda a estabilizar el tablero sudamericano en esta extraordinaria oportunidad.

Para Perú es una noticia doblemente importante. En uno de sus libros, Mohamed Heykal, el asesor de Nasser, cuenta que De Gaulle aconsejó a éste: dado que la geografía es el factor constante del acontecer histórico, Egipto, estructurado por el Nilo, tiene que tener siempre una política africana y una política mediterránea. Por tanto, Perú tiene que tener una política pacífica, una política andina y una política amazónica. Colombia y Perú, coordinados, son un interlocutor para Brasil, que no deja de ser el quinto país de la tierra en tamaño y población.

Este 20, la segunda vuelta es un trámite legal obligatorio.

Pero políticamente, Colombia decidió el domingo pasado.

Bienvenido, Presidente Santos. América Latina necesitaba su elección.

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