miércoles, 27 de abril de 2011

AUGUSTO ALVAREZ RODRICH COMENTA


Objetividad, subjetividad y mentiras que afectan a la democracia y manchan al periodismo.

alvarezrodrich@larepublica.com.pe


MACHU PICCHU PUEBLO. Algunos hechos políticos confluyen en un mismo momento sobre un mismo asunto, pero es difícil atribuirles causalidad común. Otros, en cambio, al inicio parecen desvinculados pero luego se revela su conexión. Sospecho que los peruanos estamos por presenciar un fenómeno del segundo grupo.

INDULTO EN MARCHA. Este diario reveló hace unos días que Palacio cocinaba el indulto a Alberto Fujimori. Entonces, el presidente Alan García y sus ministros se apuraron en desmentirlo pero con el mismo tono que usaron antes cuando cocinaban el indulto de José Enrique Crousillat, es decir, el que usan cuando han sido ampayados y se ven obligados a buscar otra manera u oportunidad de concretar su intención.
El indulto no sería –como cualquiera intuye– humanitario y sí interesado, pues sería parte de un intercambio de favores para que el presidente García obtenga protección durante el próximo lustro frente a investigaciones sobre su gobierno.
Pero esto requiere, de modo indispensable, que Keiko Fujimori se ponga la banda el 28 de julio, un objetivo para el cual el presidente García parece cada vez más ansioso.
En dicho esfuerzo también participarían otros dos sectores. Uno es un grupo de técnicos supuestamente independientes para dar credibilidad a las acciones de campaña fujimoristas. El otro es un conjunto de medios de comunicación que ayuden a fortalecer las versiones a favor de la candidatura de Fujimori.

INSULTO EN MARCHA. A los diarios que han tomado partido por dicha opción en la segunda vuelta –Expreso, La Razón, Correo– y algunos desde, incluso, el inicio de la campaña –como Perú.21, hoy el más fujimorista de todos los diarios peruanos–, junto con algunos canales de televisión, se ha sumado, desde hace dos semanas, el grupo El Comercio en pleno.
Esto lo ha llevado a poner en marcha un conjunto de acciones para asegurar una posición férreamente fujimorista que alinee a todos sus diarios y a los dos canales de televisión que controla el grupo El Comercio –América TV y Canal N– a favor de la campaña de Keiko Fujimori.
Entre las acciones en marcha están el despido de los periodistas sobre los cuales los directivos del grupo –los empresariales, no los periodísticos– tengan sospecha de que aspiran a una cobertura equilibrada entre las dos candidaturas.
Esto incluyó el intento de despedir, desde hace un mes, a Laura Puertas, editora general de América TV. Al encontrar dificultades para ello, procedieron, en el día previo al inicio de la Semana Santa –cuando baja la atención política–, a despedir a Patricia Montero y José Jara, productora general y jefe de informaciones, respectivamente, de Canal N, quienes han declarado al diario español El Mundo que los botaron por “no seguir la línea de apoyar a Fujimori y de atacar a Humala”.
No conozco a Jara pero tengo buenas referencias de su trabajo. Sí, en cambio, a Montero, quien desde hace doce años ha sido un factor relevante para que Canal N pueda ofrecer una cobertura equilibrada, dando espacio a todos los sectores políticos, intentando acercarse a la verdad, y proyectando credibilidad. Es decir, todo lo que ahora les disgusta a los directivos actuales del grupo El Comercio.

PERIODISMO Y PROPAGANDA. ¿Puede un medio adoptar una posición a favor de una línea política y de un candidato? Sí, sin duda.
Un medio tiene el derecho de escoger su propia línea editorial y su estilo de cobertura informativa. El periodismo no es, como reclaman muchos, un oficio de la objetividad, pero el hecho de que se reconozca la subjetividad de esta actividad no puede ser el biombo para la mentira, que es lo que está pasando, lamentablemente, con varios medios en esta campaña.
Un medio puede y debe adoptar una posición editorial, pero esa posición no puede ser nunca la horizontal para echarse a favor de un candidato y ponerse a mentir sobre el rival, llegando, incluso, a poner en la calle a los periodistas decentes que no quieran sumarse al coro de los que sí aceptan matricularse en el lado más vil del oficio, el de la mentira por encargo.
Más allá de la posición editorial de un medio, este no puede romper –especialmente en espacios como la televisión–, por respeto al público y a la ciudadanía, un equilibrio y una pluralidad informativa esenciales.
El periodismo que quiera ejercer el oficio con independencia y veracidad nunca puede ser instrumento de propaganda de un candidato.
Esto no tiene que ver con la defensa de una candidatura específica sino con la defensa del derecho del ciudadano a que no le den gato por liebre y del papel tan importante que juega la prensa independiente, decente y honesta en un sistema democrático.
¿Así pretende el grupo El Comercio, por ejemplo, organizar debates entre candidatos que, además de ser pomposamente aburridos, serían como invitar al Alianza Lima a jugar según las reglas de la ‘Trinchera Norte’ o a la ‘U’ según los criterios del ‘Comando Sur’?
El indulto en marcha para Fujimori y el kimono que se ponen algunos medios pueden parecer eventos desvinculados, pero pronto se revelará la conexión. Indulto, impunidad y periodismo mentiroso constituyen un combo pernicioso que significa un grave riesgo para el sistema político peruano.
Que el grupo El Comercio que actualmente controla América TV y Canal N, y conforma con los diarios de esa corporación el conglomerado periodístico más grande del país, haya decidido ponerse el kimono para mentir a favor de una candidatura es una noticia lamentable para el periodismo nacional y para la democracia peruana, y es una consecuencia de haber confundido los valores del periodismo decente con los de la Bolsa, que hoy parecen ser los únicos que interesan y guían las acciones de dicho grupo.

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La credibilidad de las nuevas iniciativas fujimoristas.


Keiko Fujimori ha lanzado una cruzada para contrarrestar el déficit de credibilidad que –al igual que Ollanta Humala– sufre su candidatura, mediante una serie de iniciativas y declaraciones que apuntan a enfrentar los atributos negativos que arrastra por la vinculación evidente con el gobierno de su padre: la autocracia y la corrupción.
Su base de partida es la encuesta de Ipsos-Apoyo (42-36) en la que Humala le ha sacado seis puntos de ventaja, lo cual quiere decir que, al menos durante las dos semanas siguientes a la primera vuelta, ha tenido un mejor desempeño electoral.
De acuerdo con la misma encuesta, una de las sospechas relevantes que afectan la candidatura de Keiko Fujimori es la creencia del 68% de que ella liberará a su padre. En general, el cuartel general naranja parece creer, a la luz de las decisiones que está tomando, que el problema principal que le impide crecer es, precisamente, la vinculación con el gobierno de su padre ante el riesgo de que ella decida replicar las taras que caracterizaron a dicha administración.
Por ello, desde el domingo en la noche Keiko Fujimori ha ofrecido varias entrevistas periodísticas en las que ha dado un vuelco relevante –al menos al nivel de las declaraciones– en lo que constituye el credo tradicional fujimorista.
“He pedido perdón por los errores y delitos cometidos durante el gobierno de mi padre. Considero que tuvo cosas muy positivas, se venció la inflación y el terrorismo, pero también se cometieron grandes errores y mi compromiso es que no se vuelvan a cometer”, señaló Fujimori. Añadió otros planteamientos como su voluntad de culminar el Lugar de la Memoria.
¿Le servirá esta movida para acortar y superar la diferencia que le ha sacado Ollanta Humala? Esto requiere, para empezar, tener la seguridad de que, efectivamente, el temor a la vuelta de la autocracia y la corrupción es el principal factor que le impide crecer, lo cual está por verse.
El problema central de Keiko Fujimori es si le creen o no. Salvo para algunos periodistas convertidos en gonfaloneros de esta candidatura, el perdón solicitado no ha obtenido mucha credibilidad, quizá porque, once años después de terminado el gobierno de su padre y en coincidencia con el final de la campaña, lo que está haciendo parece un simple maquillaje.
También le restan credibilidad a este ‘cambio de opinión’ las declaraciones que sigue haciendo el ‘sector duro’ fujimorista compuesto por voceros como Martha Chávez, Rafael Rey o Jorge Trelles.
Esta conversión de Keiko Fujimori en una suerte de ‘fuji-caviar’ encierra más de un riesgo para su candidatura pues, además de la falta de credibilidad que pueda tener el cambio de actitud, puede desdibujar su plataforma de postulación.

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