sábado, 9 de julio de 2011

EL REY LAGARTO


JIM MORRISON, UN GENIO DIONISIACO CAUTIVADO POR RIMBAUD

Nació casi un siglo después, a miles de kilómetros de distancia de donde lo hizo el genio cuyo aliento vital impregnaría una leyenda no menos sugestiva y tan atormentadora como la suya. Pero la vida y la muerte de Jim Morrison recuerdan ineludiblemente a la vertiginosa existencia de uno de los poetas a los que leyó con pasión, Arthur Rimbaud.
Los padres de ambos fueron militares -capitán de infantería el del literato francés y almirante el del músico estadounidense-, con las consiguientes tensiones familiares que tamañas ocupaciones llevan aparejadas. Morrison tuvo que soportar una infancia desarraigada, siguiendo a su progenitor de base en base. Hacer amigos no era fácil y el pequeño encontró en la literatura el refugio perfecto ante la soledad en que se hallaba sumido. A Rimbaud le fue aún peor. Con apenas seis años, ya había visto a su padre marcharse definitivamente del hogar, quedando bajo los dictados de una madre cuya rigidez a la hora de educar a sus hijos no podía sino exacerbar el ansia de libertad de un muchacho cuyo talento jamás podría aceptar quedar constreñido.
Ambos dieron muestras de sus extraordinarias inteligencias muy pronto. Con apenas 11 años, Rimbaud ya era una estrella en el colegio municipal de Charleville. Su director no pasó por alto el hecho de que se encontraba ante alguien destinado a pasar a la historia, como tampoco se le escapó la dicotomía ante la que se hallaba su lúcida mente: podía acabar iluminando los más tiernos corazones o sumergiéndose en las cloacas de la sociedad; más aún, lo probable es que acabara haciendo ambas cosas.
La pasión por engarzar las palabras también tocó de lleno al adolescente Morrison. Tardó algo más que su 'hermano espiritual' en abandonar el reducto familiar. El vate francés lo hizo con 16 años.
El estadounidense, con 19. Pero ya hacía tiempo que había sentido el flechazo por la poesía. Tan poco le importaba su imagen externa como al francés. Prefería alimentarse de letras a engullir alimentos más prosaicos. Uno y otro sobrevivían como podían, aprovechándose unas veces de, y siendo manipulados otras por, quienes tenían a su alrededor: chicas deslumbradas por el desarrapado aspecto de quien las encandilaba recitando poemas de autores de los que ni habían oído hablar en el caso de Morrison; auténticos mitos en vida como Verlaine, en el de Rimbaud.
Claro que no sólo las letras embotaban sus mentes. También lo hacían el alcohol y otro tipo de sustancias mucho más nocivas. Especialmente en el caso de Morrison, quien no dudó en cortejar la marihuana, el peyote y el por entonces tan en boga LSD.

ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD

Pero si de uno nos quedan maravillosos poemas, el legado del otro consiste en un conjunto de canciones que han ido pasando de generación en generación. Quién sabe, tal vez Morrison pudiera haber sido otro Jack Kerouac o Allen Ginsberg. Pero cualquier posibilidad en ese sentido quedó cercenada cuando se topó con Ray Manzarek. Se había gestado el embrión de 'The Doors', banda que quedaría completada con la incorporación del guitarrista Robby Krieger y el batería John Densmore.
Un grupo que adoptaba su nombre del ensayo 'Las puertas de la percepción', firmado por uno de los escritores de referencia de Morrison, Aldous Huxley -quien, a su vez, había sacado el título de una cita de William Blake-, y que consiguió su primer contrato gracias a una actuación que podría perfectamente haber sepultado su carrera antes de comenzar. Tuvo lugar en el club 'Whisky a Go Go' de West Hollywood, por el que desfilaron otras formaciones del sur de California como 'The Byrds' o 'Buffalo Springfield'. Allí Morrison, mientras sonaban los acordes de 'The End', se atrevió como una provocativa versión de un fragmento de 'Edipo rey', la obra maestra de Sófocles, que iba demasiado lejos para lo que el dueño del local estaba dispuesto a soportar. No dudó en echarles.
El público, por el contrario, estaba enfervorizado. Y de él formaba parte Paul A. Rothchild, dueño de la discográfica Elektra Records, quien les reclutó inmediatamente.
En 1967 salía a la venta el primer álbum de 'The Doors', con temas inmortales como el mencionado 'The End' -del que Francis Ford Coppola se serviría para la apertura de su 'Apocalypse Now'- o 'Light my fire'. Morrison padecía de miedo escénico, lo que le llevaría a dar la espalda al público durante sus primeros conciertos. También a 'colocarse' antes de saltar al escenario. Era imprevisible y a medida que se fue soltando, sus provocaciones adquirieron niveles cada vez mayores. Las autoridades de varias ciudades optaron por vetar a 'The Doors' y Morrison acabó teniendo que pasar por el juzgado después de que varios asistentes a uno de sus conciertos denunciasen que había sacado su pene y simulado una masturbación.
A 'The Doors' le seguirían otros álbumes que no harían sino engrandecer la leyenda de la banda y, particularmente, la de Morrison. 'Strange days' (1967), en el que sobresalían temas como 'Moonlight drive', 'People are strange' o 'Love me two times'; 'Waiting for the sun' (1968), con el imprescindible 'Hello, I love you'; 'The soft parade' (1969), con un viraje hacia el pop que se manifestaba en canciones como 'Touch me' o 'Tell all the people'; 'Morrison Hotel' (1970), con la maravillosa 'Roadhouse blues'; y 'L.A. Woman' (1971), que dejó un 'Riders on the storm' que está marcado con letras de oro en la historia de la música.
Todo acabó el 3 de julio de 1971. Ese día se apagó la estrella de Jim Morrison. Llevaba unos meses viviendo en París, esa ciudad amada por algunos de los literatos que habían alimentado su espíritu. Quizás buscase en ella la tranquilidad que en América se le negaba. Pero no pudo escapar de los viejos fantasmas que llevaban años acosándole. Su cuerpo inerte fue hallado en la bañera de la vivienda en la que residía. Las causas de la muerte serían objeto de numerosas leyendas. Como todo lo que rodeaba a Morrison.
Un ser elusivo al que sólo era posible acercarse a través de sus canciones.

Por Óscar Bellot
Fuente: Que!
Más información: http://www.que.es/

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A 40 AÑOS DE LA MUERTE DE JIM MORRISON, EL ESCRITOR JOSÉ VICENTE ANAYA LO VALORA NO SÓLO COMO UN GRAN CANTANTE DE ROCK, SINO COMO MIEMBRO DE LA GENERACIÓN BEAT

Jim Morrison no sólo fue un cantante de rock, sino también un poeta beat que plasmó los problemas de su tiempo en forma de verso. Sin embargo, sus libros de poesía han sido poco difundidos y en ocasiones mal traducidos, señala José Vicente Anaya ensayista, poeta y traductor de dos libros del Rey Lagarto. “Así que a cuarenta años de su muerte, como poeta, Morrison ha sido poco valorado, poco difundido y más comercializado desde el ámbito de la música’.
“Pese a todo, creo que Morrison es más famoso por la música sólo debido a la divulgación de los medios de información y el impacto del rock en los años sesenta y setenta. Pero en el futuro Morrison trascenderá por su virtualidad poética, que fue intensa y muy profunda”, asegura.
Sin embargo, la poesía también está en las propias letras de sus canciones, explica, “las cuales suelen ser maravillosas. Incluso diría que en gran medida el atractivo que tuvo como cantante –aparte de ser un performancero y un gran actor–, se debe a que sus letras han gustado y siguen gustando, ya que tienen un fuerte contenido poético”.
Esto quiere decir que la gente, tal vez sin verbalizar o sin darle la cualidad de poesía a sus canciones, las está viviendo implícitamente y las está percibiendo, agrega.
James Douglas Morrison Clarke nació el 8 de diciembre de 1943 en Melbourne, Florida, y falleció el 3 de julio de 1971, a los 27 años. Forjó su leyenda como uno de los mejores poetas que ha dado la música rock, junto con The Doors, donde pasmó en obras literarias sus canciones como en The end. Cabe señalar que el nombre de The Doors es una alusión al poeta y pintor William Blake, de su verso: “Si las puertas de la percepción se abrieran, el hombre se vería tal cual es: infinito; y al título del libro Las puertas de la percepción. Cielo e infierno, de Aldous Huxley.
MALDITO. Para muchos este ‘chamán electrizante’ fue más un poeta de vocación que un cantante o estrella de rock, un poeta que escribió buen número de poemas sobre temas como la muerte, la época y su visión de la vida.
Incluso se ha dicho que su poesía estuvo influenciada por los escritores “malditos” como Arthur Rimbaud o Baudelaire, o los beats Jack Kerouac y Allen Ginsberg, quienes creaban sus obras tras haber ingerido sustancias alucinógenas y que, en cierta parte, les hacía expulsar esos miedos internos, tal como se puede apreciar en el poema simbólico The Celebration of the Lizard. Sobre este punto, el escritor asturiano Mariano Antolín Rato ha dicho que “en realidad lo que Jim Morrison deseaba ser era un poeta francés”.

-¿Podríamos hablar de cierta influencia simbolista en la poesía de Jim Morrison? – se le pregunta a José Vicente Anaya


–Más que de simbolismo, aunque podría estar implícito, su poesía se identifica más inmediatamente con la fuerza de la generación beat. Por cierto uno de los grandes poetas de la generación beat, Michael McLean fue un gran amigo de él y juntos planearon varias cosas, incluso hacer un guión cinematográfico, ya que por cierto Morrison estudió cine en la Universidad de California en Los Ángeles, un tema que le interesó mucho y Morrison ve incluso el asunto de la cinematografía como un elemento manipulador.

–¿Qué tanto influyó la generación beat en Morrison?

–Fue más que una influencia, una fascinación que el mismo Morrison tuvo desde joven, aunque también leyó a los poetas franceses como Rimbaud y Baudelaire. Eso le permitió que en su adolescencia haya descubierto la importancia de la generación beat. Sea como fuere, Jim Morrison ha sido el poeta por excelencia del rock, maldito o no.

Por Juan Carlos Talavera
Fuente: La Crónica de hoy
Más información: www.cronica.com.mx

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LOS DOORS NO SE PROSTITUYEN

Los Doors no se venden. Ni se alquilan. Al menos, mientras su baterista, John Densmore, pueda evitarlo. Recordarán el conflicto de la franquicia: hacia 2003, el organista Ray Manzarek y el guitarrista Robbie Krieger se postularon como The Doors of the 21st Century; al frente, un clon de Jim Morrison, el inglés Ian Astbury.
Densmore se opuso al sacrilegio; eventualmente, debieron rebautizarse como Riders on the Storm. Luego, John hizo algo más radical: rechazó la oferta de Cadillac para utilizar el iniciático Break on through en un spot.
Despreció, atención, 15 millones de dólares. Hubo gritos de consternación. De Manzarek y Krieger, claro, pero también de una industria musical incrédula, adicta a las alianzas con grandes corporaciones: "No estás siendo realista, John". Finalmente, los millones cayeron sobre Led Zeppelin: esos anuncios de unos vehículos que consumen combustible con avidez tenían como fondo el abrasador Rock and roll.
Densmore está solo en su postura. Hasta los herederos de Morrison exigían que el negocio concluyese. Negocios, en plural, ya que también desechó otras ofertas bestiales de Apple y diversos perfumistas que necesitaban recurrir al erotizante Light my fire.
Pero Densmore intuye que el espíritu del difunto está de su lado. En vida de Morrison, los instrumentistas aprobaron el empleo de Light my fire para publicitar un modelo de Buick. Cuando el vocalista volvió de sus vacaciones, se indignó. Avisó que, si el anuncio seguía adelante, él destrozaría un coche Buick en cada concierto. Se devolvieron los 50.000 dólares acordados y pactaron un acuerdo restrictivo: cualquier cesión de sus grabaciones requería el voto unánime de los cuatro miembros.
John considera que esa música es sagrada, no diseñada para promocionar desodorantes o móviles. A la larga, acierta: la mística de los Doors se mantiene gracias a no cohabitar con intereses espurios. A corto plazo, el veto va contra el primer mandamiento estadounidense, el "hazte rico, lo más rico que puedas". Densmore reconoce que su derecho a la inmortalidad deriva de una casualidad: de no cruzarse con el genio dionisiaco de Jim Morrison, habría terminado tocando bossa y jazz ligero en cualquier hotel. Y lo mismo saben sus compañeros. Lo demostraron con dos infelices discos hechos tras la muerte de Jim.
Ya ven, uno de esos irredentos de los sesenta que no creen en la acumulación de bienes. John Densmore vive confortablemente con las regalías discográficas y los derechos editoriales de The Doors. No necesita comprar una mansión en la playa, un nuevo barco o lo que sea el último símbolo de riqueza en California.
Pocos comparten esa idea de que las canciones deben mantenerse inmaculadas. Tom Waits sí defendió a Densmore: "Las empresas vampirizan el sentido de las canciones, las impregnan con las promesas de que la vida será mejor con sus productos".
Otros resistentes son Springsteen, los Eagles, Santana, Neil Young. Se lo pueden permitir, cierto, aunque no siempre estén a la altura de sus principios: Young actuó en Rock in Rio, que es una orgía de patrocinios, branding y mercadotecnia. Y lo pagó, por cierto: los locutores de TVE que transmitían el festival se burlaron de sus pintas; aquel andrajoso jipi daba el cante en semejante pasarela.
Como siempre, prostituirse es una decisión personal; pocos lo hacen por gusto. En el caso del pop más reciente, hasta los que alardean de independencia son empujados a tragar. Malvenden sus canciones a agencias publicitarias, actúan en eventos que identifican lo indie con tal bebida, como parte de una estrategia secreta, a veces con planteamientos clasistas y racistas. Hubo un programa de TV, Hotel Babylon, que patrocinaba una cerveza cuyo nombre prefiero olvidar. En 1995, la central de Ámsterdam mandó un fax a la productora londinense: se estaba torpedeando el plan de marketing, atrayendo a "demasiados negros". Es ese tipo de indignas realidades lo que John Densmore consigue esquivar.

Por Diego A. Manrique
Fuente: El País (España)
Más información: www.elpais.com

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'WHEN YOU'RE STRANGE', EL DOCUMENTAL DEFINITIVO SOBRE MORRISON Y THE DOORS

"People are strange when you're a stranger (La gente es extraña cuando eres un extraño)". Así decía la canción "People are strange" del mítico grupo The Doors de su segundo LP Strange Days (1967); y de ahí ha sacado el título para su película documental Tom DiCillo, When you're strange, una película sobre The Doors, que narra el vertiginoso ascenso y caída del grupo y, fundamentalmente, de su carismático líder, Jim Morrison, sin olvidarse de Ray Manzarek (teclados), Robby Krieger (guitarra) y John Densmore (Batería / percusión).
La cinta es un acercamiento sincero a la banda que huye de los estereotipos creados en torno a la figura de Morrison -como los que creó Oliver Stone con su film The Doors en 1991- y que supone un justo tributo al que fue el único grupo capaz de hacer sombra a sus contemporáneos The Beatles y los Rolling Stones, leyendas de la música que sí han gozado del reconocimiento que a los Doors se les ha negado, probablemente porque nunca se vendieron. Un grupo nacido en la contracultura de los 60, autores de una música psicodélica e hipnotizante y con letras con mucho mensaje, crudas y llenas de poesía simbólica.
Narrada por el actor Johnny Depp -que, al igual que Morrison, tuvo que luchar contra el alcohol y las drogas, como el propio DiCillo afirmaba-, la cinta recoge material del grupo rodado entre 1966 y 1971, gran parte inédito, e imágenes filmadas en 35 mm por el propio Morrison de su película experimental HWY: An American Pastoral, que codirigió en 1969 junto a su compañero en la escuela de cine de la UCLA (Universidad de California) Paul Ferrara, con guión y protagonizada por el cantante sobre la historia de un autoestopista asesino.
La calidad de las imágenes es tal que mucha gente piensa que el que aparece en pantalla es un actor interpretando a Jim Morrison, lo que DiCillo no cesa de desmentir por donde quiera que vaya, y sólo por verlas merece la pena el documental.
No hay entrevistas actuales y ni una sola imagen que no pertenezca a la época. "Quería que los Doors contaran su propia historia", decía su director cuando se presentó en el Festival de San Sebastián en 2009. Y parece haberlo conseguido porque Manzarek, Kriegger y Densmore están orgullosos del resultado. Es la película definitiva sobre The Doors.

LA TRANSFORMACIÓN EL REY LAGARTO

Con el film experimental de Morrison como estructura narrativa y con la música de los Doors siempre presente, Tom DiCillo, en su primer documental en 20 años de carrera como cineasta, introduce al espectador en la historia con un sobresalto en el que es el único juego de ficción que se permite en su película: la música que el autoestopista Morrison de HWY: An American Pastoral sintoniza en la radio de su coche se ve interrumpida por el locutor para anunciar la triste noticia de la muerte del cantante de los Doors el 3 de julio de 1971.
A partir de ahí, Jhonny Depp -su incorporación ha hecho ganar enteros al documental, en un principio narrado por un DiCillo demasiado monótono-, como narrador onírico, comienza a recitar el guión, e incluso a improvisarlo en ocasiones. Nos presenta a un Morrison lleno de inquietudes poéticas y devoto de Baudelaire, Rimbaud o William Blake, y estudiante de cine en la UCLA, donde conoció a Ray Manzarek y con el que alumbraría la banda.
DiCillo nos retrata la, nunca mejor dicho, camaleónica transformación de Jim Morrison en el Rey Lagarto. De un Morrison que al principio tenía un gran miedo escénico y hacía sus primeras actuaciones de espaldas al público en el club californiano Whisky a Go Go al provocador Morrison de los conciertos multitudinarios donde los policías sobre el escenario eran parte más del atrezo hasta que acababan llevándoselo detenido.
"Para Ray es como un antiguo chamán que lleva a sus seguidores a mundos en los que nunca se atreverían a entrar solos", dice Depp en la narración.

LA IRREVERENCIA

El documental repasa cronológicamente y reconstruye momentos clave de la carrera del grupo que demostraban su irreverencia, como la actuación que les valdría el despido del Whisky a Go Go en agosto de 1966, unos días después de ser fichados por Elektra, en la que Morrison cantó en la parte edípica de The End "Father? Yes son? I want to kill you, Mother? I want to fuck you" (¿Padre?, ¿Sí, hijo?, Quiero matarte; ¿Madre? Quiero follarte). La relación de Jim con su padre, almirante de la Marina, nunca fue buena.
También incluye la actuación en 'El Show de Ed Sullivan', en septiembre de 1967, cuando los censores de la CBS exigieron a Morrison que suprimiera la parte de la canción de la exitosa "Light my fire" en la que decía "Girl, we couldn't get much higher" ("Nena, no podríamos habernos elevado más") por su clara alusión a las drogas. La 'sugerencia' sirvió al cantante para pronunciar en directo un "higher" mucho más fuerte y claro. Nunca más volvieron a ser invitados.
A ese ánimo provocador hay que unir los problemas con las drogas y el alcohol de Morrison, que lo fueron minando a él y al grupo. El súmmum llegaría en una actuación el 1 de marzo de 1969 en el Dinner Key Auditorium de Miami, en la que el cantante inició un monólogo con el público en el que los invitaba a pasarlo bien, a cambiar el mundo y hacer todo lo que quisieran. Aunque no se presentó ninguna prueba gráfica, se le acusó de haber enseñado el pene y simular una masturbación y fue llevado a juicio y condenado por blasfemia y exhibicionismo a cuatro meses de trabajos forzados en una cárcel, que nunca llegaría a cumplir porque murió antes. A raíz de este incidente, se les prohibió actuar en muchas partes de Estados Unidos.
Estos problemas con las drogas y el alcohol y sus consecuencias los retrata el documental sin caer en los estereotipos del biopic de Oliver Stone, que presentaba a un Jim Morrison simplemente como un borracho ridículo y auto-destructivo.
"Morrison es a la vez inocente y profano. Un poeta del rock' n' roll. Peligroso y muy inteligente. Nunca nadie había logrado esa combinación antes", sigue el guión del documental.
"Elvis era sexy; Mick Jagger sexy y poderoso; pero ninguno de los dos inteligentes o poetas. Jim Morrison fue el primero y el único que cubrió todas las necesidades de las estrellas del rock: era hermoso, andrógino, gustaba a mujeres y hombres, y muy inteligente. Tan bueno, tan bueno que eso le destruyó", afirma DiCillo.

LA MUERTE DE UN MITO

Es de agradecer también que, a diferencia de otros documentales y de la película de Stone, DiCillo no entra en especulaciones sobre la muerte de Morrison. Éste, poco antes de morir había decidido retirarse un tiempo a París con su novia, Pamela Courson, intentar dejar el alcohol y centrarse en su verdadera vocación, la poesía. La noche del 3 de julio de 1971, después de haber bebido mucho, Pamela lo encontró muerto en la bañera.
Meses antes, después de las muertes en menos de un mes de Jimi Hendrix y Janis Joplin, que le afectaron mucho, llegó a bromear con que él sería el tercero.
El epílogo de la película de DiCillo es muy gráfico con el mensaje que ha querido dar: que los Doors nunca se vendieron. En vida de Morrison se negaron a ceder los derechos de “Light my fire” para un anuncio de coches.
“When you’re strange, no one remembers your name” (Cuando eres un extraño nadie recuerda tu nombre). Lo siento, señor Morrison, en esto se equivocó.

Laura G. Torres
Fuente: Televisón española
Más información: www.tve.es

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