martes, 2 de agosto de 2011

JORGE EDWARDS HABLA PARA PERU 21


Yo soy un escritor, y lo he sido siempre. He tenido que hacer muchas cosas fuera de la escritura, pero si examino mi recorrido, puedo decir que siempre he sido fiel a la escritura”, nos dice Jorge Edwards, el escritor chileno que recibió el Premio Cervantes en 1999 y que es uno de los invitados estelares de la Feria del Libro que se cierra hoy.


¿CÓMO SE HIZO PERIODISTA?

No era periodista hasta que escribí Persona non grata (donde cuenta los momentos difíciles que vivió, a inicios de los 70, en la Cuba de Fidel Castro). Fue entonces que un gran periodista de La Vanguardia (España) me dijo que yo podía escribir crónicas “porque su libro es una gran crónica”. Acepté y, alrededor del 74 o 75, empecé a escribirlas, y así solté la mano. Tan regular he sido y tanto me ha gustado este ejercicio –que no deja de ser duro a pesar de que me tome dos horas– que, desde entonces, no he fallado nunca y todos los viernes, de los últimos 35 años, se publica una crónica mía.

¿VE LA CRÓNICA COMO UN EJERCICIO MENOR DE SU ESCRITURA?

No. Me gustaría mucho que alguien se diera cuenta de que mis crónicas forman un conjunto que es bastante coherente y que tiene existencia como literatura. Han sido agrupadas en dos libros: El whisky de los poetas y Diálogos en un tejado. ¿Quiere que le diga por qué los bauticé así?

POR SUPUESTO…

Conocí a Octavio Paz después de la muerte de Neruda, pues ambos no se podían ver. Paz tenía, a pesar de sus distancias políticas, una enorme curiosidad por Neruda. Un día me preguntó: “¿Cómo tomaba Neruda sus whiskys?”. Me quedé pensando y me dije que iba a escribir una crónica sobre los poetas que había conocido y que eran bebedores de whisky. Así nació esa crónica. ¿Y Diálogos en un tejado? Desde adolescente soy amigo de Alejandro Jodorowsky (artista francochileno). Nos encontramos en una casa colonial donde él hacía títeres. Había tanto ruido que teníamos que ir al tejado a conversar. Allí nació Diálogos en un tejado.

HAY QUIENES DICEN QUE LO MÁS SABROSO DE LA LITERATURA ACTUAL ESTÁ EN LA CRÓNICA…

Desde el siglo XIII, con el Dr. Johnson, los anglosajones tienen una larga tradición en este género. Johnson, por ejemplo, se reunía con sus amigos en un bar y, mientras bebían una cerveza, escribía. Cuando terminaba dejaba caer la hoja, venía un chico y la llevaba a la imprenta (risas). Proust hacía crónica social para Le Figaro: le gustaban los salones. Y, en América Latina, soy un admirador de Machado de Assis, quien hacía novelas humorísticas a la inglesa: Memorias póstumas de Blas Cubas trata de un escritor difunto que empieza a contar su vida. Machado escribía, a pesar de que era un empleado público, una crónica por día.

NERUDA LE DIJO QUE IBA A SER DIFÍCIL SER ESCRITOR EN CHILE Y APELLIDARSE EDWARDS…

Mi familia tiene más de 200 años en América Latina. El primer Edwards se llamaba Jorge y llegó en 1805. Tuvo un hijo que fue un minero muy afortunado que hasta fundó un banco con sedes en Valparaíso, Santiago y Lima. Uno de sus nietos compró El Mercurio que, por entonces, tenía su sede en Valparaíso. Lo trasladó a Santiago y fundó el suplemento Zigzag, que tuvo mucho éxito y terminó convirtiéndose en una gran editorial. Eran unos tipos industriosos, increíbles, que se metían al desierto a trabajar, que iban armados hasta los dientes. Yo pertenezco a otra rama de la familia Edwards (risas).

EL AÑO PASADO VOLVIÓ A LA DIPLOMACIA. ES EL EMBAJADOR CHILENO EN FRANCIA…

Es una profesión en decadencia, de origen renacentista, cuando los seres humanos eran universales y se interesaban en todo, como Leonardo y Montaigne. Yo no quise ser renacentista, pero me ha tocado serlo (risas).

DICEN QUE EN CHILE Y EN MÉXICO SE PUSIERON MAL CUANDO VARGAS LLOSA RECIBIÓ EL NOBEL: ESTO LES QUITA CHANCES A USTED Y A FUENTES…

Primero, yo no estoy en la lista del Nobel. Segundo, me alegré mucho y, de inmediato, llamé a Mario a felicitarlo. Lamentablemente, su buzón de voz estaba copado (risas). Yo creo que el Nobel ha sido bastante mal dado. Por ejemplo, Tolstói, Conrad y Proust estaban en plena producción y le dieron el Nobel a José Echegaray, un actor y ensayista español. Como homenaje, le pusieron su nombre a una calle. Valle-Inclán envió una carta a un amigo que tenía en esa calle y escribió lo siguiente en el sobre: “Señor: Fulano de Tal. Dirección: Calle del Viejo Imbécil N° 23” (risas). Allí hay un chiste, ¿no? Lo curioso es que la carta llegó a destino (risas).

¿QUÉ HACÍA CUANDO LE ANUNCIARON EL CERVANTES?

Con el Cervantes pasó algo divertido, que escandalizó a muchos: Dije, en televisión, en cadena nacional y en vivo, que el premio lo recibí “en pelotas” pues me lo comunicaron mientras jugaba tenis (risas). Si uno se toma en serio, está perdido…

PREMIOS COMO EL CERVANTES LES DAN A LOS ESCRITORES CIERTA AURA…

Da lectores, que es lo principal. El premio verdadero de un escritor es el lector. Me emocionan situaciones como la que me contó hace poco Alberto Manguel, el crítico argentino: “Fui donde Aurora Bernárdez, la viuda de Julio Cortázar, quien tiene 92 años, y durante todo el almuerzo me habló con admiración de tu último libro”. ¡Este es un premio! Los otros premios tienen algún dinerillo… pero a veces no: ¡Yo tengo una cantidad de estatuas! (risas). Cuando me dan un premio pregunto: “¿Con cheque o con estatua?”. Y, lo peor, uno se las tiene que llevar en el avión (risas).

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