sábado, 11 de febrero de 2012

HOMENAJE A LUIS ALBERTO SPINETTA (varios, Argentina)

 
 
 
 
A fines del año pasado, hasta la aparición de la terrible (cobarde, insultante y vergonzosa) tapa de revista Caras, el estado de salud de Luis Alberto Spinetta era un secreto a voces, del cual sólo se decía con tácito código de silencio que “estaba mal”. Al principio se hablaba de un cáncer de pulmón, del cual todos creían (¡creíamos!) que podía ser tratado de alguna manera para curarlo. Hacia diciembre, sin embargo, aparecieron los primeros rumores que venían del radiopasillo de los médicos, que brutalmente hablaban de “un mes o dos” de vida. Aún así, aquí en Tiempo Argentino, de entrecasa en la sección Espectáculos, nos rehusábamos a escribir la acostumbrada nota necrológica  que es menester tener prevista para estos casos, pero realmente no podíamos encararlo. Preferimos seguir cruzando los dedos, rezando y cantando sus temas a la espera de un milagro.

Ayer, poco antes de las seis de la tarde, llegó la primera noticia vía Facebook, unos pocos minutos después ya estaba en Crónica TV, y enseguida invadió todos los portales de noticias y las redes sociales en general. “Murió Spinetta”, o algún juego de palabras con frases de sus canciones, era la manera de encarar lo imposible de poner en palabras. ¿Cómo hacer honor a él, justamente, que hizo de los versos un ejemplo único para la poesía y las canciones en español?

Quizás aquí sea el momento de evocar su legendaria irrupción en la escena del rock argentino, cuando aún no era tal, cuando todo era nada y era nada el principio. Porque aún en 1969 ya se decía en la revista Pinap, pionera de la escena musical argentina, que Luis Alberto Spinetta era “una especie de Lennon local”, cuando aún no había sacado siquiera el primer álbum de Almendra.

La leyenda cuenta, y es cierto, que compuso “Barro tal vez” a los 16 años, con una sensibilidad difícil de igualar aún hoy por cualquier artista de habla hispana. El disco Almendra, aquel con el dibujo del mágico hombre de la sopapa en la cabeza, parecía difícil de igualar  o superar, pero la lección de músicos como los Beatles fue aprendida en el mejor sentido de la innovación y reinvención permanente. Y así sucedió, aunque hasta la actualidad sea un álbum invariablemente votado como el mejor de la historia del rock local, por su desbordante originalidad, vuelo poético y musical. Por ejemplo decir “Tu tienes pies y tienes manos, pero no se ven. Si tus pies hoy nacieron viento, déjalos correr. Y si tus manos con las plantas, déjalas crecer”. Casi una declaración de principios, una manera de encarar la vida desde la música y el arte.

En menos de un año, en 1970, la banda comenzó a componer una ambiciosa ópera, hizo un disco doble y se separó por casi una década, cuando volvieron para recordarle a toda una generación todas las cosas buenas que habían quedado enterradas por la irrupción de la dictadura, como brindando un espacio de libertad y alegría tan difícil de hallar en esos días.
Lo increíble de Spinetta, como Hendrix, los Doors, Zeppelin o The Who, es la imparable catarata de obras creadas en tan poco tiempo. Porque de la diáspora de Almendra surgieron bandas como Color Humano, Aquelarre y Pescado Rabioso, donde El Flaco se embarcó en un viaje de rock furibundo que, sin embargo (al igual que Hendrix, los Doors, Zeppelin o The Who), también era capaz de emocionar con pasajes de ternura, suavidad y dulzura. Como epílogo perfecto, hizo Artaud casi a solas, y es imposible no emocionarse con ese puñado de canciones perfectas.

A esa altura era apenas 1974, Spinetta tenía menos de 25 años de edad y su gira mágica y misteriosa recién estaba dando sus primeros pasos: vino Invisible y otra complejidad musical y letrística incomparable. Hete aquí el problema de recorrer su obra: los superlativos se repiten y no es fanatismo personal, porque los mismos adjetivos aparecen en cualquier revista, publicación o sitio web. Al igual que Eric Clapton, a una muy temprana edad se le gritaba “¡Genio!” o “¡Dios!” en los momentos de silencio de los recitales. Pero él siempre respondía con bromas, sin hacerse cargo del peso que cargaba su primer centenar de composiciones.
Hacia fines de los años ’70 y principios de los ’80, la multiplicidad de proyectos se acumulaba y producía un aluvión en las disquerías: la etapa instrumentalmente jazzera (siempre con material de antología como “Canción para los días de la vida”) de A 18’ del sol, la reunión de Almendra (en vivo y en estudio), el subvaluado disco en inglés, los albores de Spinetta Jade, el recital con Seru Girán y hasta el inicio formal de una carrera como solista.

Luis Alberto Spinetta, como el guerrero de su tema, jamás detuvo su marcha. Al poco tiempo de sacar un álbum acústico como Kamikaze y presentarlo en Obras, se animó a sumar la batería electrónica (con Pomo, en Madre en años luz) y el sampler (Privé), sin dejar de impactar con su particular manera de encarar la belleza con palabras. Porque quizás la música podía ganar en complejidad y desafíos armónicos, pero las letras eran indiscutiblemente de un estilo inimitable, que a lo sumo asomaban en intenciones que no iban más allá de la influencia y las ganas de emularlo. Muchos lo intentaron y hasta algunos quedaron en el terreno de la parodia, pero nadie jamás pudo acercarse a su magia y alquimia única.

Año tras año, en vivo o en discos, Spinetta mantuvo en vilo a la capacidad de sorpresa de sus fans. Ya aparecían los primeros detractores con la muletilla fácil de descalificar o subestimar su producción más reciente, pero a los pocos años se daban cuenta de que escondían un nuevo manojo de gemas. Salía Peluson of milk, se formaba Los Socios del Desierto y la luz ya era incandescente. O hervía, como la lava caliente de San Cristóforo, donde se daba el gusto de incluir un tema de Ratones Paranoicos y echar por tierra todos los abundantes prejuicios de sus seguidores, aquella casta de rockeros de los años ’70, tan cerrados y fundamentalistas.
Es cierto que no hubo un hit contendente o un disco que conquistó desde las radios a una nueva generación. Pero Spinetta es una suerte de gusto adquirido, que va más allá del márketing y el impacto de los medios. Es sutil y apasionante, como Silver sorgo o el solapado llanto por George Harrison en aquel Obras en vivo del 2002. Es emotivo, como los momentos cúlmines de Para los árboles, Pan y Un mañana.

Murió Luis Alberto Spinetta. Son horas de infinita tristeza, pero no queda mejor manera de sobrellevarlo que sentarse a escuchar sus canciones. Cualquiera de cualquier época. Porque basta con sentir su voz y su guitarra para darse cuenta de que desde 1969 logró, sin darse cuenta, convertirse en un hombre sin tiempo, inmortal como la música misma. Y que por eso sigue vivo.

Por Marcelo Fernández Bitar
Fuente: Tiempo Argentino
Más información: http://tiempo.infonews.com
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"EL LADO B DE LUIS ALBERTO SPINETTA"

Luis Alberto Spinetta fue y será por siempre un gran músico. Ese, su gran legado, no pasará jamás al olvido. Al menos mientras las generaciones que él marcó con Almendra, Pescado Rabioso y su carrera solista sigan vivas. Sin embargo detrás del genio había un hombre.

Un fanático de River Plate que sufrió con el descenso y que ostentó la camiseta blanca y roja en varios recitales. Un padre, un esposo, un niño...

La infancia. Spinetta nació en Buenos Aires el 23 de enero de 1950. Fue en Palomar, partido de Morón donde este genio dio sus primeros pasos. Su talento le llegó desde muy pequeño. Y no era para menos, Luis Alberto creció en una familia donde la música era moneda corriente.

Su padre era un cantante aficionado de tangos para comenzar. Ya a los 12 años Spinetta participó en un concurso de canto que ganó. En ese momento podía hacer una gira pero desistió de la idea. Tomó clases de guitarra y también abandonó.

Spinetta fue un autodidacta. En el secundario comenzó a tocar con sus compañeros y fue allí donde aparecieron quienes luego iban a integrar su primera banda.

El primer amor. La música se convirtió así en su manera de hablar. De expresar el amor. Eso se notó con Cristina Bustamante. ¿Quién es ella? "Mi primer gran amor. Ella vivía en el mismo edificio de Emilio y por eso lo conocía de vista. A veces se juntaban los fines de semana a charlar en la puerta, pero sin pasar a ser más que conocidos. Pero una vez nos quedamos solos en la casa de Emilio, porque sus padres habían viajado, y entonces invitamos a las chicas a tomar algo, a bailar, una especie de asalto. Y ahí, por primera vez, me sentí enamorado. En realidad ya me había enamorado varias veces pero siempre habían sido amores imposibles de realizar por diferencia de edad, no sé, me enamoraba de las maestras, de las pibas más grandes y después no pasaba nada, obviamente. Yo era un inepto absoluto en ese momento. Y bueno, todos esos pequeños amores desembocaron en un gran amor que fue el de esta muchacha ojos de papel, que fue un amor correspondido. Porque también ella me quiso mucho. Fue mi primer amor, mi primer gran amor, inolvidable amor. Y me inspiró una canción", relató Spinetta en 1984 a Víctor Pintos y Guillermo Quintero.

Cristina era la hija del encargado del edificio de Emilio Guercio. Dicen que era bellísima y que siempre estaba en las fiestas de Almendra. Una mujer que fue la inspiración de "Muchacha ojos de papel" y que luego se convirtió en actriz.

El padre. Spinetta tuvo cuatro hijos. Dante, Catalina, Vera y Valentino llegaron producto del amor entre Luis Alberto y Patricia. Una pareja que se resguardó siempre de los medios.

"En casa siempre se respiró arte. Papá estaba con la guitarra, y nosotros dándole vueltas alrededor. Quizás por una cuestión de rebeldía yo no quería dedicarme a la música. Una más en la familia, no. Ya basta con el viejo, Dante y ahora Valentino. Bueno, me incliné hacia la pintura, el dibujo, los colores. A los 11 años desarmé una cajonera vieja, me compré unos óleos yo solita y me mandé. Después estudié, con un tipo capo, grande, muy clásico y conservador. El mismo profesor con quien estudió mamá y el tío Gus", comentó Catalina Spinetta a Clarín.

La separación llegó con el amor entre el músico y la bella modelo Carolina Peleritti.

El fanático. Si algo dejó bien en claro el "Flaco" fue su fanatismo. River lo hacía suspirar. Incluso en varios de sus recitales se lo vio con la camiseta blanca y roja. En el 2008 habló sobre el tema con el diario Crítica.

"Es indudable que nosotros pretendemos tener por lo menos diez años mejores que los que tuvo Boca Juniors. Ese es el ansia de todo Gallina. Y ahí morimos. El que no lo acepta es un necio que no se da cuenta del campeón de Boca en los últimos años. La misión del Gallina es romper eso y llegar a ser el club más ganador en títulos Internacionales. Es la aspiración de River", comentó.

"Si (River) juega bien, me encanta, porque River cuando gana, no gana de pedo. Gana porque juega bien. De pedo, a veces, le han ganado. River cuando gana, gana con todo. Lo único que falta es que nos caguemos también en eso", remarcó. Celeste Polidori

- Fuente: Los Andes.com.ar
Luis Alberto Spinetta, como tantos otros artistas, formo parte de Homenaje de Derechos Humanos http://www.homenajederhumanos.com.ar/

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Muchacha, historia de un himno

Es una de las canciones más maravillosas que escuché en mi vida”. La sinceridad es de Lito  Nebbia, hablando del tema más popular de Spinetta. Esa letra que pasó a ser como un hilo de seda con el que tejió otras canciones, cruzando sus metáforas alquímicas a lo largo de su extensa  discografía.
Muchacha (ojos de papel) abre el disco Almendra, considerado unánimemente como uno de los  mejores de la historia del rock argentino. En 1987 y publicada en el Suplemento Sí! con el título de  Muchacha ojos de papel.
Desintegración abstracta de la defoliación, Spinetta sometió a la canción a  lo que definió como una “autopsia”. “Más allá de inscripciones cronológicas que responden al  momento’ en el que Muchacha..., como canción, se involucra en el poder de captación de la gente, una devanación se hace necesaria para mí, de manera tal que bajo un intento de estructura en certidumbre de la  simbología del texto, me abra la cabeza”, comentaba a Eduardo Berti con motivo del libro Spinetta-  Crónica e iluminaciones.
Nunca fue un misterio: la canción era para Cristina Bustamante, su primer amor. La había conocido en un “asalto” en casa de Emilio Del Guercio, bajista de Almendra. El Flaco contaría más tarde: “Con Cristina me sentí enamorado por primera vez. Antes sólo había tenido amores imposibles, fantasías con pibas más grandes que yo, con mis maestras”. Estrenada en público un domingo, en junio de 1969, en el Teatro Coliseo, se clavó en la musculatura emocional de varias generaciones.
“Cuando la estrenamos, fue tan rotundo el éxito de la canción que yo mismo lloraba, no lo podía  creer. (…). Ese tipo de cosas bien de pubertad, de 18 años. Amor”, según le contaba a Víctor Pintos  en una entrevista de 1999. “Ella la conocía de antes, yo se la había cantado para ella en forma  personal. Yo lloraba arriba del escenario, porque sentí que toda la gente se conmocionaba con eso. Al instante. Después vino el éxito. Sentí que la canción traspasaba la gente, lo mismo que cuando  estrené Plegaria para un niño dormido o Figuración,  Muchacha traspasaba la gente. Con Almendra me cansé de ver  chicos y chicas llorando, de emoción o de felicidad”.
Aunque siempre se la pedían en los recitales, por un buen tiempo dejó de cantarla. Hasta se la  pidieron en una presentación en el Colón: sin importar semejante marco, un fan le gritó el clásico  ¡Luis, cantá Muchacha!”, un simpático reclamo que el tiempo había transformado en estigma. Pero  él no solía acceder. De cualquier manera, no faltó en la noche eterna de diciembre de 2009 en  Vélez, casi respondiendo a un pedido de su madre presente, para la algarabía.

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 Un disco fundamental: “Artaud”, de 1973

Fue firmado como “Pescado Rabioso”, pero en realidad es el segundo álbum solista de El Flaco, contando “Spinetalandia y sus amigos” (1972). Dos ex Almendra -Emilio del Guercio y Rodolfo García-, además de su hermano Gustavo, lo asisten instrumentalmente en este disco de canciones experimentales. El centro del LP es “Cantata de puentes amarillos”, una rapsodia bohemia a voz y guitarra que dura 9 minutos, la cual legó una frase para el   refranero del rock nacional:  “Mañana es mejor”. La letra está basada en las cartas que se enviaban el pintor impresionista Van Gogh y su hermano Theo. “Por” es lo opuesto: brevísima, consta sólo de palabras sueltas. Spinetta las  va entonando con variaciones  melódicas inusuales. De “Bajan”, Gustavo Cerati hará una versión en 1994, donde revelará una influencia que ya había insinuado en el disco de Soda “Canción animal”.

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Una cosa es ser músico de rock, pero otra es ser un artista único

En una habitación en penumbras me acerqué a la cama y separados por una silla se asomaba con simpatía Luis, metiendo y sacando la cabeza como si fuera un pequeño teatrillo de marionetas. Me dice: “Sobre los mensajes que nos hemos enviado, sólo te pido que no quiero que se entere tu mujer.” Lo decía como si supiera que ella, artista plástica, se pudiera avergonzar de escuchar a otro Spinetta hablar. Yo iba hasta la pequeña ventana. Me asomaba y volvía la vista hacia él. Estaba aun más inmerso en la penumbra. Me recosté en la punta de la cama y tomé un pequeño lápiz y empecé, como quien dibuja automático algo mientras habla por teléfono. Eran pelos. Pelitos uno al lado del otro. Seguí haciéndolo, cada vez más delgados, como un flequillo y ahora una cola de pelos ahí sobre la sábana. Miré para pedir su aprobación. Había desaparecido. No estaba más. Me desperté con una angustia tremenda y le conté esto a mi esposa. Todo el día canté en voz baja uno que otro tema de Pescado, de los que me gustaban. Le dije: “Sabés que vengo de familia espiritista y ellos siempre se vienen a despedir. Spinetta se fue.”

Veinticuatro horas después me entero, encendiendo la tele, que el tipo que tanto quisimos ser y no pudimos, se había ido, tal cual como me lo habían pronosticado cuando me dijeron que tenía uno o dos meses de vida y no lo creí.

Una cosa es ser músico de rock, baladista o vocalista o perfecto afinador, pero otra es ser un artista único. ¡No único sólo por lo hermético, sino porque los invito a buscar en el mundo uno parecido! Ya lo hice. No hay. Ni siquiera dejó una estela que nos señalara su influencia de Led Zeppelin o su paso por Gino Vanelli o la Mahavishnu. Nada. Todo lo absorbió y lo devolvió con otra forma y un alma nueva. Con sólo 16 años compuso “Muchacha” en el país de “Las olas y el viento”, escribió poesía en el libro Guitarra Negra, se peló para los carnavales de GEBA, creó Artaud, el mejor disco del rock nacional, y nos hizo conocer al poeta maldito, nos llevo a través de Castaneda y nos dijo que seríamos “Barro tal vez”, que las “Nenas bobas no saben bailar”, que te gusta ese tajo, que quién sabe por el “pradooo vaaa”, parvó a su hermana, ¡y acentuó las palabras donde quiso!, nos dijo que le demos tibia leche de tu cuerpo a tu hijo y lo alejes de droga, caminó por encima de los coches en Cabildo y Juramento fuera de sí, quiso ser guitarra solista, delante mío lloró porque Edelmiro practicaba tiro con arco y flecha en los árboles en aquella gira de Almendra y los lastimaba, y se puso mameluco y un día le pregunté qué había inventado en su vida y sorpresivamente me dijo: “¡La camiseta con batik! Nadie la usaba para salir al escenario y yo se las robaba a mi viejo”.

“Ana lloró, Gustavo se fue al suelo/ estos son los problemas que aquejan a mamá / superando el cálculo”, era su descripción de la vida familiar junto a sus hermanos… y recuerdo cuando en la redacción del Expreso Imaginario venía con sus cuadernos Arte.29 a leerme sus relatos y ensayos de sus encuentros personales con sus dioses propios, ¡y cuando puteaba porque el Sólo el amor puede sostener, el disco que grabó en inglés para los EE UU, le parecía una mierda, pero aun más que en la gacetilla de prensa hayan comparado a Pescado Rabioso con Zeppelin! Y no por Zeppelin, sino porque consideraba que Pescado era superior y diferente. ¡Dios!, la complejidad de sus temas, de sus letras, su campana de oxígeno que sólo él podía respirar y su eterna resistencia a caer en la vulgaridad a menos que viniera dictada por él.
Seguirá existiendo el blues, el rock and roll, pero Spinetta nació, vivió y murió para ser él, ni siquiera un ejemplo, ya que es y será imposible de seguir o replicar, como nacido con dientes de oro sin haber visitado jamás un dentista.

En la oscuridad, en el ocaso, quedarán sólo caras que emanadas de su propia cara… lo mirarán por todas partes.

Cuando se va un artista podemos seguir viviendo. Cuando se va uno de estos, no puedo dejar de sentir por un segundo… que el Muerto soy Yo… que por “la mañana temprano amaneció… a terminar su trabajando lindo”.

Por Roberto Pettinato
Fuente: Tiempo Argentino
Más información: http://tiempo.infonews.com

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Hay veces que el dolor es tan grande que es imposible asumirlo! Musicos Argentinos Convocados acompaña en este doloroso momento  a la familia Spinetta!

El querido "Flaco" nos acompañó desde el principio en la quijotada de 
La Ley de La Música, con la lucidez y la sabiduría de saber que nadie  se salva solo.
La dimensión de su talento solo fué comparable a su humanidad!
Sin duda se nos fué lo mejor de nosotros!
Querido Flaco Te vamos a extrañar muchísimo!!
Musicos Argentinos Convocados

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Las bandas eternas

Almendra 1968-1970
Producto de la fusión de Los Sbirros (Edelmiro Molinari y Emilio Del Guercio) y Los Larkings (Spinetta y Rodolfo García), el grupo edita su primer simple -Tema de Pototo- en septiembre de 1968. En 1969, su primer LP -Almendra- los ubica en un lugar destacado del rock local, por la combinación de su poética, los arreglos vocales y la búsqueda musical, que se intensifica en Almendra II, (1970), poco antes de su separación. La banda se reunió en 1980, y editó Almendra en Obras y El valle interior.

Pescado rabioso 1972-1973
A la lírica de su etapa anterior, Spinetta le agrega la potencia rockera que aportan Black Amaya y Bocón Frascino -ambos venían de tocar con Pappo-, con quienes debuta en mayo de 1972. Durante la grabación de Desatormentándonos, Carlos Cutaia se suma al trío. Al año siguiente, tras la partida de Frascino, será David Lebon quien se sume al grupo, en el rol de bajista, durante la grabación de Pescado 2, a comienzos de 1973. Poco después, la banda se disolvió.

Invisible 1973-1977
Nuevamente, Pappo será la referencia previa de los músicos elegidos por el Flaco. Esta vez, fueron Pomo Lorenzo y Machi Rufino, quienes integraron el trío que grabó Invisible (1974) y Durazno sangrando (1975), en los que el rock progresivo y el jazz se hacen un lugar. El tercer LP de la banda - El jardín de los presentes (1976)- , para el que se sumaron el guitarrista Tomás Gubitsch, y los bandoneonistas Juan José Mosalini y Rodolfo Mederos. El grupo se separó al año siguiente.

Spinetta Jade 1980-1985
El sello del jazz-rock marcó el sonido del grupo, que también se fue modificando según los músicos que lo integraron. Juan del Barrio, Diego Rapoport, Beto Satragni y Pomo -antes habían pasado Pedro Aznar y Lito Vitale-, firmaron el primer LP, Alma de diamante (1980). Frank Ojtersek reemplazó a Satragni en Los niños que escriben en el cielo (1982). Para Bajo Belgrano (1983), la banda incorporó a César Franov en bajo, y Leo Sujatovich en teclados, que le dejó su lugar al Mono Fontana –también se agregó Lito Epumer-, para grabar Madre en años luz (1984).

Los socios del desierto 1997-1999
Tras varias disputas con las compañías discográficas, Spinetta arma un nuevo grupo con formato de power trío, junto a “Tuerto” Wirtz y Marcelo Torres. Con  ellos, grabó un CD doble, con temas nuevos -Los socios del desierto (1997)-, San Cristóforo (1998), registrado en vivo en el Paseo La Plaza -incluye temas de Almendra y Pescado rabioso- y Los ojos (1999), para el que suma una decena de músicos invitados.

Más información: http://www.clarin.com

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